
Érase un perpetuo bostezo, el resultado del más taimado y cruel aturdimiento. ¿O he de decir aburrimiento?
Un imperecedero suspiro en el que vivió y murió (vive y muere, hablábamos de eternidad) el más consagrado y fiel miembro del concejo, el más valorado orador, en el que mayor proyección se auguraba.
Éranse la pena pública y los más pomposos homenajes; filósofos, artrópodos y médicos expulsando a gritos sus confirmadas teorías sobre el aparato respiratorio y sus ocasionales errores naturales.
Éranse la defensa y la excusa, los “pobre hombre” y los “era de suponer”, era el mayor acontecimiento desde que el Partido se imbuyera sin remedio aunque con recato en el más rehuido naufragio.
Érase un perpetuo bostezo y cientos de políticos tratando de hallar el modo de sumarse a él.
Un imperecedero suspiro en el que vivió y murió (vive y muere, hablábamos de eternidad) el más consagrado y fiel miembro del concejo, el más valorado orador, en el que mayor proyección se auguraba.
Éranse la pena pública y los más pomposos homenajes; filósofos, artrópodos y médicos expulsando a gritos sus confirmadas teorías sobre el aparato respiratorio y sus ocasionales errores naturales.
Éranse la defensa y la excusa, los “pobre hombre” y los “era de suponer”, era el mayor acontecimiento desde que el Partido se imbuyera sin remedio aunque con recato en el más rehuido naufragio.
Érase un perpetuo bostezo y cientos de políticos tratando de hallar el modo de sumarse a él.
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