Me enfundaron en un traje de granito
me alimentaron de aristas y lajas,
formas sólidas
y frías
y lejanas.
Me nacieron entre cantos y guijarros
entre ceniza negra y azufrada.
Crecí desnuda,
y en vez de penas, cascajos
vetas en vez de arterias
riscos fueron y no risas
grava el pelo,
rubia arena.
Y jugaba a la rayuela
y deletreaba r-o-c-a-s
y b-a-s-a-l-t-o.
Fue una educación tenaz
digamos compacta.
Y me asenté, pongamos,
ya de adulta,
hermosa
cuarcitita enmarmolada,
inamovible.
Desde aquí
-juventud de arenisca,
virtud de polvo-
observo a los que, como tú,
pasan y a veces se acercan
y tienen la desfachatez
de importunarme con improperios:
“¡Maciza!”
0 comments:
Post a Comment